Paradojas católicas de Antonio Muñoz Molina

Un artículo de Antonio Muñoz Molina que se ha publicado en el semanario alemán Die Zeit. El texto en castellano esta en el blog del propio Antonio Muñoz Molina y la versión alemana como es natural en el semanario Die Zeit.

Paradojas católicas
agosto 28.2011
ESPAÑA: PARADOJAS CATÓLICAS
Antonio Muñoz Molina
Antonio Muñoz Molina también visita la Feria d...Antonio Muñoz Molina imagen de lainformacion.com via Flickr
Mi madre es una mujer católica de 81 años que cada noche, antes de dormir, le reza a Dios por cada uno de los miembros de su familia, los vivos y los muertos, procurando no olvidarse de ninguno. Mi madre, que nació en una familia campesina y tenía seis años cuando empezó la guerra civil, fue muy poco tiempo a la escuela y pasó su juventud bajo la hegemonía indisputada de la propaganda franquista y el integrismo católico. Pero, como muchas personas de su generación, sobre todo mujeres, con la llegada de la democracia asistió a la escuela nocturna y se fue haciendo una mentalidad muy abierta. Ahora lee mucho, sobre todo novelas –entre ellas, las que escriben su hijo y su nuera- y aunque conserva intacta su fe siente un rechazo instintivo hacia el Papa y no se ha molestado en conectar la televisión para ver alguno de los programas larguísimos que se han dedicado a su visita. Mi madre, tan católica, asistió hace años con plena emoción a la boda civil de su hijo recién divorciado, y ahora recibe con naturalidad en su casa al compañero de su nieto gay, y cuando sabe que van a venir a verla les prepara uno de los dormitorios con cama grande. Y estoy seguro de que si ese nieto decide casarse, mi madre asistirá a su boda con algo de descocierto íntimo, pero también con perfecta desenvoltura, con esa nueva mundanidad que es uno de los síntomas del cambio formidable que ha vivido España desde los años setenta. Más en: Antonio Muñoz Molina Escrito en instante


Katholische Paradoxien 
Wir Spanier können beides: Denken und Beten, Demokratie und Religion. Warum bekriegen wir uns trotzdem so heftig? 
Meine Mutter ist eine katholische Dame von 81 Jahren, die jede Nacht vor dem Schlafengehen für jedes einzelne Familienmitglied, für die Lebenden und die Toten, betet. Sie achtet stets darauf, niemanden zu vergessen. Meine Mutter stammt aus einer bäuerlichen Familie, bei Ausbruch des Bürgerkriegs war sie sechs Jahre alt, eine lange Schulzeit hatte sie nicht, ihre Jugend verbrachte sie unter dem unwidersprochenen Diktat der franquistischen Propaganda und des katholischen Fundamentalismus. Wie viele Menschen ihrer Generation, viele Frauen zumal, besuchte sie nach dem Ende der Diktatur jedoch die Abendschule und fand zu einem überaus offenen Weltbild. Heute liest sie viel, vor allem Romane – darunter auch die Romane ihres Sohnes und ihrer Schwiegertochter –, und hat eine instinktive Abneigung gegen den Papst, obwohl sie an ihrem Glauben festhält.
Meine ach so katholische Mutter fand es jedenfalls unnötig, eine der endlosen Fernsehsendungen zu verfolgen, die sich dem jüngsten Papstbesuch in Madrid widmeten. Vor Jahren schon hat sie mit großer Begeisterung die standesamtliche Trauung ihres gerade geschiedenen Sohnes gefeiert, heute lädt sie ganz selbstverständlich den Freund ihres schwulen Enkels zu sich nach Hause ein und bezieht ein Doppelbett für die beiden, wenn sie zu Besuch kommen. Sollte sich dieser Enkel einmal zum Heiraten entschließen, dann wird meine Mutter, das weiß ich genau, mit einer gewissen inneren Verunsicherung, aber auch mit vollkommener Natürlichkeit, mit jener neuen Weltläufigkeit, die zu den Symptomen des großartigen Wandels zählt, den Spanien seit den sechziger Jahren erlebt hat, zu seiner Hochzeit gehen. Mehr: Die Zeit
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